sábado, 15 de septiembre de 2012

La vuelta al mundo en 80 días

Hola mundo. 

He tenido que esperar una semana para escribir esto porque, si lo escribo cuando me sucedió, el sábado pasado, no habría podido ser objetivo. No estaba en condiciones de relatar lo que aconteció adecuadamente, así que he esperado que el tiempo relajase mis sentimientos, sensaciones y emociones.

Veréis, hace unas semanas alguien me propuso hacer la "vuelta al Mar Menor caminando". Yo como soy muy acomodaticio me dejé convencer (mentira, no tuvieron que hacer ni esfuerzo) y allá que embarqué en semejante odisea.

No tenía que hacer esto solo, había un grupo de gente enmarcado en una especie de asociación que se encargaba de organizar el evento

Bueno, pues allá vamos... 

Primer inconveniente, me dicen que hay que estar en el punto de partida a las ocho de la mañana. ¡¡¡Cojona!!!, me dije, que uno se levante temprano para currar vale, pero que un sábado te levantes a las seis de la mañana para estar en el kilómetro cero de La Manga del Mar Menor a las ocho ya tiene delito. Habría que cocer al ideas a fuego lento por esto. Empezamos bien.

Como hacía de coche-recogedor, pase por la ruta que me habían asignado a recoger las personas que me tocaba recoger y allá me planté a las ocho, junto al monolito de acero-hortera-inoxidable del principio de La Manga.

Presentaciones de rigor... Muy buenas a Todos, soy Yo... mucho gusto en conocerte Yo, nosotros somos Todos.

Reparto de camisetas... Oiga, que yo quiero una XL o XXL, que a mi me gusta ir ancho... pues mire, se apaña con esta L, que con lo que va a adelgazar hoy seguro que al final le va bien... Pues nada, camiseta L p'al cuerpo, aunque me preocupó el comentario.

Foto de rigor, junto al horteramonolito, por supuesto. Que si se agacha usté que no salgo, que si me quito yo que soy mas alto. ¿Tu sabes como se sufre para acomodar cincuenta y pico almas cada una de su padre y su madre? Pues nada, cuando ya estábamos acomodados y hecha la foto el fotógrafo dice... ahora del otro lado, por si la luz y tal... 
Cachis, otra vez a acomodar la colección de almas. Vamos bien.

De repente oigo un estruendoso pitido, agudo como el pilum de un legionario romano, que me destroza el tímpano izquierdo... Era la salida. Si llego a pillar al del pito, el siguiente soplido lo pega con otra parte mas baja de su cuerpo y por la parte de atrás, prometido.

Nada, allá que vamos, almas en pena camino del purgatorio.

Al principio bien, a las ocho de la mañana hace fresquito y da gusto, pero veo pelín preocupado que el ritmo no es de paseo-contemplación, van mas acelerados de lo que yo esperaba. 
-Se ve que no han desayunado y quieren llegar pronto al primer avituallamiento- 
Pensé yo.
Nada, apenas una hora de trote y tiran para la playa del Mar Menor. Se paran en un  chiringuito y empezamos a pedir cafés y bollos... Era el primer avituallamiento. Ya puestos aproveché para que el Chiringuitero me cortase con un cuchillo tamaño machete la etiqueta de la camiseta, que me estaba dejando el cuello rojo como un comunista irredento.

Una vez terminado salimos otra vez caminando. Como estaba fresco iba de los primeros, y poco después nos encontramos con las fragonetas de soporte que nos daban agua y fruta... Una pera p'al cuerpo y adelante... 

Sin embargo algo no estaba como debía, habíamos desayunado ya y esta gente seguía sin aflojar el ritmo, y a mi empezaba a ponerme nervioso el tema.


Un tipo montado en una bicicleta pasa por nuestro lao y en sentido contrario y nos dice: ¿ASM?¿ASM?  -pues mire usté, no-, le contestamos, aunque no teníamos ni idea de lo que quería decir ASM. Unas horas después nos miramos en la rotulación de la camiseta y ponía "ASM Región de Murcia"... ¡¡¡Leñe, pues igual si somos ASM y nosotros sin enterarnos!!!. Nos aclararon que ASM es "Asociación de Senderismo Murciana", así que el pavo se debió ir pensando que estábamos mal de la cabeza, porque no sabíamos ni quienes éramos.


Llevábamos ya una hora trotando cuando a todos los de mi grupúsculo nos da simultáneamente ganas de pispisear, y un componente del mismo nos dice que, cerca, había un bar de un amigo suyo al que seguro no le importaba que le dejásemos los baños hechos un cristo. Pues nada, de cabeza a retrete.

Acabamos de pispisear y, al salir, vemos que nos habíamos convertido en los últimos de Filipinas y con diferencia, así que si antes ya íbamos rápido ahora teníamos que volar para dejar de ser cabeza de ratón y convertirnos en cola de león. Ufff, arffff, buffff, agggg. Ya sabía yo que esto no podía ser bueno... La camiseta ultra transpirable debía tener un fallo, porque yo sudaba como un gorrino y aquello no dejaba salir ni gota de mi salsa.

Ya empezaban mis piernas a quejarse. Vamos, que entre el sudor que me caía del cuerpo y el que me subía de los pies, el baño en ese elemento era sustancial. También desde la planta de mis pies y en dirección ascendente, un molesto pico-dolor me hacía saber que algo no marchaba bien por allí, pero intenté ignorarlo para no demostrar a los demás lo que, a estas alturas, ya sabía, que los andares y yo no somos de la misma tribu. 

Tras algún avituallamiento adicional de agua y tal y cuando ya mi cara expresaba la desgracia de mi alma, a pleno sol, intentando que no se notase el cojear que me acompañaba (como cojeaba de ambas piernas disimulaba muy bien) y con el sudor formando una gruesa y uniforme película en torno a mi desgraciado ser, un coche que venía en dirección contraria con una señora en buen año y un marido a juego se para junto a nosotros y nos pregunta ¿oye, esto por que es, que es lo que queréis, que pedís?....
Señora, queremos la defenestración de los políticos, la paz en el mundo, y le pido por Dios que me lleve usted en su coche... le dije.
Debía llevar yo mala pinta, porque la señora puso cara de espanto y le endiñó un pellizco en la pierna a su marido que, comprendiendo el sutil mensaje, subió las ventanillas, puso primera y arrastró ruedas alejando de mi la esperanza de terminar con el tormento.

Arrastrada mi alma, mi ser y todo yo, llegamos por fin al avituallamiento fuerte, es decir, pasado el puente del Estacio, un poco mas allá.

El servicio de avituallamiento de la jodienda ésta había dispuesto allí unas mesas con la parte mollar del día, unas tostas de jamón con tomate, buenísimas a estas harturas (si, harturas, porque estaba harto de la odisea), latitas de cerveza fresca que me sentaron como cura de rejuvenecimiento, diferentes embutidos (por supuesto adelgazantes y sin colesterol), y queso y otros fiambres. 

Tras descansar un tiempo que me sentó de gloria y comprobar que el pico-dolor de mis pies se debía a dos señoras bambollas que habían venido a visitarme, me puse de nuevo los tenis, embebidos en el sudor de mis calcetines (no ha habido forma de volver a dejarlos secos, yo creo que quedarán mojados a perpetuidad) y allá que arrancamos para la última etapa.

Aclaro a la lecturiencia que una duda que anidaba en mi desde el principio y que, por ser de natural prudente, no me atrevía a expresar, crecía de manera inmisericorde. Veréis; los lugareños sabéis, y a los que no lo seáis lo explico, que La Manga del Mar Menor es un brazo de tierra que cierra la laguna salada del Mar Menor y la separa del mar Mediterráneo, pero que al final este brazo de tierra no está unido a la otra parte, a Lo Pagán, hay un tramo de marisma-lago fangosopantanoso que no se puede atravesar en situacion de secano, es decir, sin mojarse el culo.

Pues nada, tras el último tramo de andadura veo que se para toda la peña y empiezan a quitarse las ropas de andar, a cambiarse los tenis Nike y Adidas por tenis Mike y Adalidas (de los de mercadillo) y a amarrarse los mismos con cinta de embalar y similar... 
-Esto... ¿que hacéis/hacemos?-, pregunté yo con cara de alma cándida...

Pues nada, que para cruzar por el fango hay que ponerse los zapatos viejos y bañador, contestaron todos a coro...

-¿como?- (contesté yo) ¿no hay un barco-crucero que nos va a transportar en grupo o en disecciones del mismo, me da lo mismo la cantidad, al otro lado?

Risa general, cachondeos diversos y comentarios de condescendencia...

- No hombre- Contestó el coro -Hay que atravesar andando por la zona de fango, con el agua hasta el pecho y pisando el fondo pantanoso-

¡¡¡Tastico!!!, dije... ¡¡¡Fan-Tastico!!!

Mi única preocupación a partir de ese momento fue explicar y recordar cada cinco segundos al señor de la fragoneta de avituallamiento que, ¡¡¡Por Dios, por Dios!!!, no se olvidase que yo me volvía con él, que no me dejase allí, y que me había quedado con su cara y con la matrícula y si se iba sin mi lo buscaría hasta en el infierno para explicarle como se prende fuego a una fragoneta con el dueño dentro.

Total, que resultó que era cierto, que mis ex-compañeros de marcha se metieron en el agua con las mochilas y ropajes en la cabeza, como tribu de negritos del África tropical, y yo me volví en la fragoneta al principio de La Manga a recoger mi coche y hacer promesa ante Dios y los hombres de no volver a caminar más que para ir desde mi casa al coche y viceversa, que si los hombres nos hemos molestado en crear los medios de transporte será para usarlos ¿no?

Aquí termino el relato de mi "PRIMERA NO-VUELTA ANDANDO AL MAR MENOR".

Espero que os haya gustado.

MUNDOOOO, NO DEJÉIS QUE EL CAMINO DE LA VIDA OS ABURRA, DISFRUTADLO, YO SOY FELIZ, Y LO SEGUIRÉ SIENDOOOOOOO.

2 comentarios:

  1. Anónimo30/9/12 0:25

    Hay rumores de que ya has hecho la preinscripción para la Vuelta al Mar Menor 2013.

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  2. Hola anónimo comentador, he de advertirte dos cosas, la primera que ya se quien eres, donde vives y tu teléfono, (El comentario sobre los políticos era una ayuda narrativa, no te lo tomes en serio), la segunda es que no hay dinero en el mundo capaz de convencerme para que el camino de La Manga vuelva a ser hollado por mis pies, aunque tantas veces he dicho cosas que luego he tenido que comerme con patatas que... ¿chi lo sa?.
    P.D. Un besico a Fina de mi parte.

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